Juan Jorge FaundesCuando al fin un dirigente mapuche lograba subir al escenario donde el Presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Arturo Martínez, acababa de finalizar su discurso del Primero de Mayo, y tomar el micrófono para exponer la situación de los cuatro presos políticos que completaban cincuenta y un días en huelga de hambre, el locutor oficial abruptamente anuncia a la orquesta tropical de ¡¡¡Tooomyy Reeyyy!!! que, paradójica y sigificativamente interpreta el tema bailable "El Galeón Español".
"El galeón, el galeón", ritmo tropical, "el galeón español", ritmo tropical. Simultáneamente el micrófono que enarbola el líder mapuche es desconectado. Sólo se observa desde abajo su silueta vociferante que enarbolando una trutruca grita "¡¡¡Marrichi weuuu!!!" (¡Mil veces venceremos!!!).
La escena continúa con un numeroso grupo de jóvenes mapuche que a los gritos de "¡¡¡Liberar, liberar, al mapuche preso por luchar!!!", derriba parte de las rejas de seguridad que rodeaban un perímetro en torno al escenario e ingresa a la zona de invitados especiales y prensa, alzando la bandera mapuche, pancartas y lanzando volantes que invitan a solidarizar con los presos políticos mapuche en huega de hambre. Dos mujeres mapuches hacen un "cara pálida" (muestran el traste) mientras sostienen una pancarta, logrando que las cámaras, junto a sus nalgas graben la leyenda que han extendido: "Solidaridad con los presos políticos mapuche". Es la manera de lograr la atención de los medios de prensa mercantiles. Como antes lo hicieron, cuando el Presidente de la CUT iniciaba su discurso, tres trabajadores que se pasearon desnudos denunciando la cesantía que les provoca el Transantiago. El presidente de la CUT se refiere despectivamente a ellos, diciendo "esos huevones que se empelotan", preocupado seguramente de que distraigan la atención de sus palabras.
Los guardias de la CUT corren hacia un lado y a otro, como si fueran parte de la policía del estado, desalojando a trabajadores desnudos, primero, y a mapuches que denuncian, después.
La orquesta de Tomy Rey termina su show, los mapuches logran subir masivamente al escenario y extender sus pancartas, se apoderan de los micrófonos, quieren hablar, denunciar que sus compañeros presos políticos en democracia han completado el primero de Mayo cincuenta y un días en huelga de hambre, que han sido maltratados por gendarmería (la policía de prisiones que depende del Ministerio de Justicia) y todo ello en el gobierno de Michel Bachelet, presidenta socialista. Pero los micrófonos están desconectados. El perímetro de invitados especiales y prensa, al pie del escenario, está invadido de manifestantes furiosos, los pocos parlamentarios y dirigentes que estaban ahí han desaparecido como por arte de magia. La situación ya se torna difícil. Ahora es la silueta de una mujer mapuche con el puño en alto la que más se destaca allá arriba en la tribuna. Sus gritos se adivinan. No se escuchan.
Al pie del escenario, todos nos unimos al vocerío al compás de cultrunes y cascahuillas: "¡Liberar, liberar, al mapuche preso por luchar!", sólo quedamos los periodistas, los manifestantes, el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, y el diputado socialista Carlos Montes. Los guardias de la CUT, que han sido sobrepasados, siguen en un ir y venir inútil. Entonces, a cien metros, a la altura de la Universidad Católica y el Cerro Santa Lucía (antaño Huelén), sirenas, chorros de agua, gases lacrimógenos, los carabineros antimotines han entrado en acción y avanzan hacia nosotros. Los miles de trabajadores y sus familias que aún están en las anchas alamedas (por donde pase el hombre libre, según soñó Salvador Allende en su último discurso desde La Mondeda bombardeada), terminan de derribar las rejas y huyen hacia el escenario y al espacio que hay detrás rumbo a la Plaza Italia. Se despliegan por entre los edificios cercanos y el Parque San Borja. Ahora ya no hay opción. Es la hora de correr. Los gases estallan por doquier. Vuelan algunas pedradas en respuesta. Una vez más el Primero de Mayo, como las marchas del 11 de Septiembre, termina en conflicto abierto y violento. "Antisociales" y furia social: ¿por qué?
Dijeron después los noticieros que fue una marcha caracterizada por infiltrados y desmanes protagonizados por el lumpen y anarquistas, por antisociales. No opino sobre aquello que ocurría al final de la marcha y de la concentración. Pero si fue así como dicen, ¿existía como motivación sólo el afán "antisocial" de destruir por destruir? ¿Por qué los blancos de los ataques fueron el Ministerio de Educación, un local de comida rápida, una sucursal bancaria, entre otros semejantes, y por qué la Biblioteca Nacional, por ejemplo, no fue tocada?
Una mirada más atenta y menos prejuiciada podría tal vez ver que los blancos de los ataques fueron símbolos de situaciones que están victimizando a la población y que no han sido resueltas (como el difícil acceso a la Educación, a la Alimentación y otras necesidades básicas, la carencia de dinero, la criminalización de las luchas sociales) y que por no resueltas generan furia social. Y que no es la mayoría adulta, controlada y resignada la que expresa esa furia, sino jóvenes que no ven otra salida que la reacción agresiva. Se suma a ello la falta de canales formales e institucionales de participación efectiva en las decisiones que a todos nos atañen. Los partidos políticos tradicionales son centralistas, cupulares, poco participativos, con tendencia al clientelismo y al caudillismo. Lo mismo se puede decir de organizaciones como la CUT. El gobierno ha amenazado con más represión: se identificará y llevará a la justicia a los "antisociales". Se ha pedido a los canales de televisión y reporteros gráficos que aporten imágenes para esta tarea represiva. ¿Es la prensa "ayudista" de la policía política del Estado? ¿Estamos volviendo en democracia a los estilos de la Dictadura?
En lo que compete a lo que ví, la dirigencia de la CUT obstaculizó y acalló a los grupos mapuche que pretendían expresar su solidaridad con los presos polìticos mapuche en huelga de hambre. El ataque de las fuerzas antimotines hacia la zona del escenario, donde no había "antisociales" sino manifestantes expresándose como podían, sin micrófonos, y sólo con gritos y pancartas, fue del todo injustificado y una provocación. Si después allí hubo algunas pedradas, fue como reacción. Pero la gran mayoría huyó en todas direcciones (incluidas familias con sus niños).
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